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Con-siderar

el astrologo Dos lecturas enteramente inconexas llamaron mi atención sobre el sentido olvidado de un término familiar: considerar (‘con-siderar’). Esta casualidad me obliga a dar cuenta de ambos pasajes.

Cronológicamente, el primero en evocar esta etimología—que, por cierto, el OED considera a lo sumo hipotética—entre mis lecturas es Emerson. En Landmarks, demorada meditación británica sobre lenguaje y paisaje, Robert Macfarlane recuerda la conocida fase de Emerson, “language is fossil poetry” y refiere, como ejemplo, el hecho de que el pedestre considerar es la fosilización de ‘con-siderar’, término que evoca los astros y por tanto, la adivinación y el augurio. (Emerson, por cierto, nunca menciona nada de esto en “The Poet”, y no tengo a la mano el libro de Macfarlane para averiguar su fuente.)

Pero el caso más memorable de esta etimología y sus reverberaciones literarias la encontré en el librito Cómo ordenar una biblioteca de Roberto Calasso. La referencia aparece en el contexto de un comentario sobre la anotación de los libros. Calasso refiere algunos ejemplos de las anotaciones, prácticamente pequeños índices, que Borges acostumbraba escribir en su diminuta caligrafía en las guardas de sus libros. Entre estos, Calasso cita una anotación a The Royal Art of Astrology de Robret Eisler (1946, adquirido por Borges al año siguiente). La glosa dice “Contemplation, considerartion, 261”. Calasso cita a continuación el pasaje de Eisler que mereció la entrada en el índice personal de Borges:

… hasta la actualidad nos vemos obligados a utilizar un término astrológico cada vez que queremos “con-siderar” lo que vamos a hacer respecto a este o aquel problema; en cuanto a la “con-sideración”, no es otra cosa que el acto de enfrentarse al influjo de los diversos astros (sidera), acerca de la decisión contemplada…

La etimología es, naturalmente, irresistible. Pero el OED recomienda precaución: la idea de que ‘considerar’—que entra al inglés hasta el siglo XIV—deriva de sīdus, sīder (estrella, constelación) y por tanto forma parte del vocabulario astrológico es atribuible al gramático latino Festus, si bien “such a use is not known in the Lat. writers”. Por lo demás, la intuición emersoniana permanece incólume: nada confirma mejor el hecho de que el lenguaje es poesía fosilizada que le hecho de que aún los escritores latinos ignoraran el sentido primigenio de sus términos.

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