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El saber y el goce

Mundus Symbolicus

Todo proyecto intelectual que se precie debe colocarse bajo la advocación de un mote o empresa. Uno de los primeros eventos organizados tras la fundación de la Accademia degli Umoristi, en Roma, fue la serie de conferencias dictadas por el erudito friulano Girolamo Aleandro sobre el mote lucreciano de la Accademia: REDDIT AGMINE DULCI (“todo lo vuelve dulce”). A lo largo de tres jornadas, Aleandro fue desmadejando el sentido y las implicaciones del mote, cuya pictura consistía en una nube, que

[C]he formata dalle amare essalationi del mare, e sollevata in alto per virtù de raggi del Sole, si vede poco dopo in minuta, e spessa, ma gratiosa pioggia, risolta, all’in giù stillare, co ‘l motto, tolto da Lucretio nel Lib. 6: REDDIT AGMINE DULCI.

La frase proviene del VI libro de De Rerum Natura (631):

Postremo quoniam raro cum corpore tellus
est et coniunctast oras maris undique cingens,
debet, ut in mare de terris venit umor aquai,
in terras itidem manare ex aequore salso;
percolatur enim virus retroque remanat
materies umoris et ad caput amnibus omnis
confluit, inde super terras redit agmine dulci
qua via secta semel liquido pede detulit undas.

O en la versión de Francisco Socas:

Y por último, como la tierra está ahí con su cuerpo poroso, junto a la que hay costa marina por doquier ciñéndola, debe, tal como hasta el mar desde las tierras llega flujo de agua, manar lo mismo hasta las tierras desde la salada llanura; se va colocando pues el salitre y atrás rebota la materia líquida, y toda junta corre a la cabecera de los ríos, desde la que en dulce desfile vuelve sobre las tierras por donde el camino que por una vez abrió conduce el claro paso del agua.1

En su Mundus Symbolicus, compendio enciclopédico de empresas, el teórico milanés Filippo Picinelli, abrevando sin duda en el tratado manuscrito que el propio Aleandro preparó tras su conferencia, describe así el mote:

HACER BIEN A LOS ENEMIGOS. El ánimo generoso acostumbra pagar con beneficios las injusticias cometidas contra él. Los académicos Humoristas pintaron como su emblema general a una nube sobre el mar, la cual derrama lluvia dulce, aunque ella esté llena de vapor amargo y le pusieron el lema de Lucrecio: REDDIT AGMINE DULCIS (todo lo vuelve dulce). Filón Carpatio dice “Es propio de los cristianos hacer el bien y soportar los males”. Y Hugo Cardenal: “Como la nube convierte en dulces las aguas del mar, así el recuerdo de la pasión de Cristo, que soportó en su cuerpo, convierte en dulzura todos los sufrimientos y amarguras que los fieles padecen por él.2

Fiel a su raíz carnavalesca—la Accademia surgió de un grupo de “belli humori” congregados para organizar las festividades del casamiento de Paolo Mancini—la Accademia se presenta como el espacio de la transmutación de los humores; espacio en que los sinsabores y desavenencias mundanas pueden volverse dulces por virtud del ejercicio de la erudición y la curiosidad.

No lejos de este espíritu, Athanasius Kircher colocó su propio proyecto intelectual bajo la advocación de un mote en el que el goce sosegado de la erudición da paso a una resolución rayana en la hybris.

Frontispicio del *Ars Magna Sciendis, Sive Combinatoria*

En el frontispicio de su propia “Gran Arte”, que buscaba rivalizar con el Ars lulliana, Kircher introdujo un mote griego tomado del Cratilo:

Medèn kàllion è pànta eidènai

No hay nada más hermoso que el conocimiento de todas las cosas: un mote que sor Juana Inés de la Cruz bien podría añadido en epígrafe al Primero sueño.


Adenda, Nov. 2017

Nada más apropiado que, en el prefacio de Esferas I, Peter Sloterdijk coloque los 3 volúmenes que conforman su épica filosófica bajo la advocación de un mote conocido y uno secreto. El primero es la conocida fórmula que de acuerdo a los comentaristas antiguos presidía el umbral de la Academia, frente al templo de las musas: “Que no entre el que no sepa geometría” (ageometros me eisito). De acuerdo a Diógenes Laercio (IV, 10), fue por esta razón que Platón negó el acceso a la academia a Jenócrates. La filosofía está vedada a los ageómetras. Pero frente a esta advertencia, Sloterdijk sugiere que la geometría no es tanto una técnica o un saber como un disposición a la rememoración:

“¿Qué es un geómetra? Una inteligencia que viene del mundo de los muertos y trae consigo vagos recuerdos de su estancia en una esfera perfecta.”


  1. De la naturaleza de las cosas, Ed. y trad. de Francisco Socas, Gredos 2003, p. 421. 

  2. El mundo simbólico, Ed. y trad. del Colegio de Michoacán, p. 121-2. 

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